Las intimidades nunca antes contadas de los pioneros de la Web

¿Cuál fue la primera imagen que apareció en la gran red? ¿Quién protagonizó el primer video publicado en YouTube? ¿Qué mensaje vociferó el primer tuit en la red social que hoy mueve millones de palabras en decenas de países? ¿El primer mail?, ¿las primeras palabras en Skype?, ¿las primeras intromisiones del spam? En esta nota, el detrás de escena del contenido que plantó bandera en la Web.

Aunque parezca que siempre ha estado entre nosotros, con sus veinticinco primaveras la Web recién abandona sus días adolescentes para convertirse en una entidad adulta, eso, si es que fuera válido imponer a la gran red lapsos de crecimiento análogos a los nuestros. En “Cómo será Internet en el año 2025”, se explica que la World Wide Web (una capa de información que opera gracias a la infraestructura de Internet) fue parida el 12 de marzo de 1989 en los laboratorios de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, organismo más conocido por la música de sus siglas, CERN, también célebre por su acelerador de partículas y el descubrimiento del Bosón de Higgs.

De las entrañas de aquel laboratorio en el viejo continente surgió, también, la primera imagen subida a la Web, el gran antecedente de las millones de fotografías que hoy circulan en sitios dedicados como Flick o Instagram, además de periódicos, blogs y redes sociales, entre otros recipientes. Para dimensionar (y antes de ingresar en el repaso de la imagen pionera) un relevamiento reciente dio cuenta que cada día se suben a Facebook un promedio de 350 millones de imágenes.

La que inauguró la oleada de imágenes en el cosmos triple w no puede jactarse de exhibir refinados criterios estéticos, ni mucho menos. El ahora mítico aunque poco divulgado archivo en formato GIF, retocado con escasa ductilidad con alguna variante de Photoshop (por cierto, los recortes podrían haber sido realizados con aquel software de Adobe, el cual se lanzó en 1990) muestra a “Les horribles cernettes”, un grupo humorístico conformado por novias y secretarias de investigadores del CERN. La fotografía fue tomada por Silvano de Gennaro, hombre de ciencias de aquel organismo, que también era manager, compositor musical y tecladista del cuarteto. Según cuenta la leyenda, lo hizo a pedido de Tim Berners-Lee, considerado el padre de la Web y responsable del primer bosquejo que dio forma al lenguaje HTML.

Según explica Fernando Triveri en RedUSERS, aquellos patriarcas de la Web no eran precisamente solemnes, hombres ataviados únicamente con los ropajes de laboratorio. Se explica que el propio Berners-Lee solía vestirse de mujer en aquellos shows, en los cuales el humor se mixturaba con la ciencia. “El laboratorio de papá”, “Mi novio es un Premio Nobel” y “Nitrógeno líquido”, son algunos de los títulos de las canciones de “Les horribles cernettes”, agrupación que se jacta, además, de ser la primera banda musical en aparecer en la Web.

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YouTube: Todo comenzó en el zoológico

Difundidas por Google, el dueño del circo, las estadísticas de YouTube reflejan cifras escalofriantes y también envidiables para otras compañías que sientan base en la Web: cada mes reciben más de mil millones de visitantes y se ven más de 6 mil millones de horas de su contenido. Además, se suben cien horas de video por minuto. El gran caudal, evidentemente, también ha tenido su génesis, una instancia que aparece en el kilómetro cero de la plataforma. Si bien el portal fue activado en febrero de 2005, la historia cuenta que el 23 de abril de aquel año se publicó el primer video en YouTube. Alojado en la cuenta de uno de los fundadores del sitio y con una duración de 18 segundos, el video titulado “Me at the zoo” no es particularmente atractivo. El contenido audiovisual en cuestión muestra a un joven en visita al zoológico de San Diego, Estados Unidos, hablándole a cámara con el sector de los elefantes detrás de él. Vale recordar que YouTube había nacido con la idea de ser un sitio de citas en el cual los postulantes publicaban videos para conocer a otros interesados.

A pesar de ser la semilla de uno de los sitios más populares de la Web, la cantidad de visitas que ha recibido no es desorbitante, mucho menos si se la compara con las cifras del más caudaloso en YouTube, el exótico “Gangnam Style”.

El pionero de los gorjeos

El pasado 21 de marzo Twitter sopló ocho velitas. En la ocasión y a modo de festejo, la red social puso a disposición de los tuiteros una herramienta en verdad interesante, análoga al espíritu de este repaso. Según se explicó en el sitio DonWeb Blog, sólo es necesario acceder a este enlace e ingresar el nombre de usuario para retroceder el tiempo y visualizar nuestro primer tuit sin extensa burocracia ni papeleo. Por aquellos días Twitter y otras redes sociales se vieron invadidas por mensajes de usuarios que recordaban y compartían su primera participación en las arenas del microblogging. Vale decir que además de rastrear los propios, es posible buscar los primeros mensajes de otros participantes sin la necesidad de ingresar contraseñas. Los curiosos pueden saber cuáles fueron los primeros de sus amigos, referentes e ídolos. La herramienta también nos permite introducirnos en el tuit que inauguró la plataforma del pájaro azul.

En simetría con la primera imagen de la Web y el primer video de YouTube, el tuit inaugural no es precisamente atractivo. El mismo fue publicado el 21 de marzo de 2006 en la cuenta personal de Jack Dorsey, uno de los fundadores de Twitter, que en sus comienzos había sido apodado como el “SMS de Internet”. Se trató, sin más, de una suerte de “un, dos, tres, probando”. Estas fueron las palabras germinales: “Simplemente ajustando mi Twttr”.

Twitter

Tal como se advierte en el gorjeo, Dorsey refería a la red social como “Twttr”. Aquel fue el primer nombre de la plataforma, creada por una startup de la que Dorsey era empleado y más tarde compró. La crónica cuenta que Twitter vio la luz en el festival “South By Southwest”, creciendo gracias a aquella primera divulgación de los 20 mil a los 60 mil tuits, una cifra en verdad diminuta en comparación al volumen actual de una red en la cual ya es imposible obtener nombres de usuarios tan sencillos y fáciles de recordar como el de Dorsey, quien tuitea desde la cuenta @jack.

Una pastilla final de Twitter: Haciendo clic aquí podrás ver el borrador que ideó las líneas germinales de Twitter. Como suele ocurrir, incluso en muchos de los emprendimientos más tecnológicos, las ideas bajaron de una lapicera a un papel.

Miscelánea

Hemos visto: el contenido que hoy circula en la Web y que es percibido como una entidad que siempre ha estado entre nosotros, alguna vez no lo estuvo y, en consecuencia, ha tenido su puntapié inicial. Otros casos son el del primer correo electrónico el cual fue enviado por el programador estadounidense Ray Tomlinson en el año 1971, antes de la irrupción en escena del ecosistema creado por Tim Berners-Lee. Aquel email, también de prueba, incluyó algunas de las primeras letras del teclado: “QWERTYIO”. Ya en las arenas de la Web, el primer dominio se registró hacia el año 1985, el mismo fue “Symbolics.com”: hoy funciona como un sitio histórico-promocional. El pionero entre los banners publicitarios fue publicado en 1994 en el sitio HotWired.com: promocionaba museos de arte patrocinados por la firma AT&T. Las primeras palabras que viajaron a través de Skype fueron pronunciadas en 2003: “¿Puedes oírme?”, dijo la voz de uno de los ingenieros de la compañía que hoy es propiedad de Microsoft. La cuenta de Mark Zuckerberg en Facebook es la número 4; la crónica señala que las primeras tres fueron simplemente de prueba. Cuentan que el primer usuario de la red social más exitosa de la Web fue un israelí que en la actualidad cursa estudios rabínicos. El 3 de mayo de 1978 se envío el primer spam: lo hizo la red Arpanet enviando un mismo correo a unas cuatrocientas personas. Lo primero que vendió eBay, cuando aún era conocida como ActionWeb, fue un puntero láser. Tres detalles sobre aquella transacción: fue en 1995, se pagó cerca de 15 dólares y el producto estaba roto.

A fin de cuentas…

Una reputación ambigua pende sobre la cabeza del contenido pionero. Por un lado, ostentan el orgullo de haber iniciado un sendero exitoso; por el otro, aquello que cuentan no suele ser atractivo: letras acumuladas sin sentido, imágenes poco estéticas, un video nada colorido, un puntero láser roto. A fin de cuentas son palabras de prueba, como el “uno, dos, tres, probando” que se vocifera en un micrófono en el que más tarde cantarán, acaso, Gardel o Sinatra.