¿La Inteligencia Artificial es el nuevo Godzilla de la humanidad?

 

Con múltiples avances en este área de investigación, múltiples voces convergen en la alerta en torno a los eventuales peligros de su implementación. El FBI señaló que los automóviles de conducción autónoma podrían ser utilizados con fines criminales. Elon Musk, fundador de PayPal y Tesla, además de impulsor de los viajes comerciales al espacio, dijo que la IA podría ser más peligrosa que las armas nucleares. Stephen Hawking sumó brillantes reflexiones. ¿Cuáles son los riesgos de la inteligencia mecánica que procura reemplazar al entendimiento humano?

No será el primer parricidio de la historia, tampoco la primera vez en la que el hijo supere los dones de su padre. El correlato contemporáneo de la creación de Victor Frankenstein, uno de los más populares monstruos de la ficción, tiene nombre y apellido: Inteligencia Artificial. Al tiempo que unos la promocionan como el más prometedor horizonte del desarrollo tecnológico, otros señalan que cada uno de los avances en aquel campo supone el advenimiento del peor azote que el hombre jamás haya sufrido.

“La ciencia e ingeniería de hacer máquinas inteligentes”. De este modo definió John McCarthy a la Inteligencia Artificial. Este especialista en informática, nacido en Boston en 1927 y fallecido en los últimos meses de 2011, inauguró el uso del concepto que hoy supone esperanzas y también pavor. El “Tío John”, así se le conoció, fue además el creador de Lisp, un lenguaje de programación de alto nivel que comenzó a circular hacia fines de los cincuentas y que fue utilizado para el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Hacia el año 1955 dijo: “La velocidad y capacidad de memoria de las computadoras actuales puede ser insuficiente para estimular muchas de las funciones más complejas del cerebro humano, pero el principal obstáculo no es la falta de capacidad de las máquinas sino nuestra incapacidad de escribir programas que aprovechen por completo lo que tenemos”. En 1956 habló de estos avances bajo el concepto de Inteligencia Artificial en una conferencia en Dartmouth. Como nota al margen, a McCarthy también se le atribuye el concepto de cloud computing, la hoy divulgada computación con base en la nube, imposible de asir con una mano.

La pregunta de Philip K. Dick, uno de los autores más renombrados de la ciencia ficción, establece un interesante panorama: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Lo cierto es que aquel género de la literatura y el cine adora la Inteligencia Artificial y sus eventuales consecuencias. Algunos participantes de este género han pintado cuadros en los cuales las máquinas se han convertido en sirvientes del ser humano. Otros han mostrado cómo los entes mecánicos, en un trato de par a par, se codean con hombres y mujeres. Los agoreros han contado cómo las máquinas pisotean cada uno de los rincones de la humanidad; en fin, parricidio. Queda para otro momento el debate en torno a quién ha llegado primero, si el huevo o la gallina, la ciencia ficción o la ciencia a secas. En cambio, avanzaremos hacia el repaso del correlato en la realidad de aquellas diferentes visiones que la ciencia ficción ha establecido en torno a la Inteligencia Artificial.

IA al alcance de la mano

El concepto puede resultar abrumador, inabarcable, un asunto más amigo del futuro, de las quimeras, de los sueños y las pesadillas, de la repasada escena ficcional. Sin embargo, la Inteligencia Artificial no está a miles de kilómetros del usuario común y corriente, tampoco tras los muros de secretos laboratorios. Veamos algunos botones que sirven de muestra:

  • Asistentes de voz como Siri, Google Now y Cortana ya hacen de las suyas en muchos smartphones que no son prototipos de laboratorio, sino que se consiguen en las tiendas. Basta con decir “clima en Barcelona” o “receta pasta frola” para que éstos entreguen en un santiamén la respuesta requerida. Inteligentes como la secretaria más eficiente, al menos eso procuran ser.
  • Proyectos como Tango de Google avanzan a paso firme para que los dispositivos tecnológicos sean capaces de comprender el entorno que les circunda de un modo similar a como lo hacemos los seres humanos. Más detalles al respecto pueden ser consultados en esta nota de DattaMagazine.
  • La domótica abandonó su condición de promesa para convertirse en una tendencia del mercado tecnológico. Aquello que imaginaron Hanna y Barbera en Los Supersónicos es ya una realidad, o casi: electrodomésticos que se controlan a distancia, lámparas capaces de adecuarse en forma automática a las condiciones lumínicas de los ambientes, termostatos que aprenden de los hábitos del usuario, entre muchos etcéteras.
  • Los robots comienzan a ejecutar algunas de las tareas de las cuales, no mucho tiempo atrás, sólo era capaz el ser humano. Así lo contamos en Nueva vida a la robótica.
  • Si bien aún no circulan en las calles de nuestras ciudades, los automóviles de conducción autónoma aparecen como una de las promesas más rutilantes de la tecnología. El de Google, del cual ya circula un prototipo, aparece como paradigma.
  • Una serie de transacciones emprendidas por algunas compañías del sector dan cuenta de que la Inteligencia Artificial aparece entre sus planes comerciales y que no restringe su alcance a la mera y distante investigación.
  • Por mencionar un caso elocuente, a comienzos del año en curso Google compró dos compañías inscriptas en las arenas de la Inteligencia Artificial. La más renombrada fue la adquisición de Nest, un especialista en domótica, aunque también sumó a sus filas a la startup DeepMind Technologies. Según explicaron las crónicas, con la compra de esta última firma Google procuró sumar talentos en el área.

¿Superman o Godzilla?

Comenzamos este repaso señalando que, en vistas de su naturaleza disruptiva, la Inteligencia Artificial será culpable de parricidio: saltará directamente a la yugular de su creador. ¿Qué ocurrirá cuando las máquinas sean capaces de crear máquinas sin el hasta ahora indispensable auxilio de un brazo por el que corre fresca sangre?

Al igual que en la ciencia ficción, algunos son optimistas. Un estudio reciente del siempre citado Instituto Tecnológico de Massachusetts, señaló que los robots en el ámbito corporativo no solamente dinamizan las tareas y son mejores jefes que los humanos, sino que también generan un ambiente laboral más agradable y hace más felices a los trabajadores. Por contrapartida, noticias recientes dieron cuenta de una serie de advertencias en torno a la implementación y divulgación de la Inteligencia Artificial.

Según publicó recientemente The Guardian, el FBI publicó un informe en el cual advirtió que los automóviles de conducción autónoma, con el de Google como paradigma, pueden convertirse en aliados para la acción criminal. El organismo estadounidense señaló que este tipo de vehículos abren “la posibilidad de dobles usos que convierten a estos coches en potenciales armas letales, más peligrosas de lo que hoy son con conductor”.

Según el FBI, además de poder cargarlos con explosivos y conducirlos en forma remota, los delincuentes podrían utilizar estos vehículos huyendo de la ley con una libertad de movimientos inédita en un automóvil tradicional; por caso, disparar a sus perseguidores sin prestar atención al volante y al camino. El pesimismo no opacó las eventuales ventajas en términos de seguridad: “Los algoritmos que manejan la conducción pueden controlar la distancia que el coche de policía mantenga respecto a su objetivo para evitar que sea visto, e incluso cambiar su dirección para que pueda encontrarse con el que persigue”, indicaron.

Elon Musk se sumó a estas voces de cautela. Aunque su nombre se asocie a la pura innovación (en su caudaloso currículum aparece la fundación de PayPal; la disruptiva automotriz Tesla Motors; e incluso SpaceX, una empresa que quiere transformar los vuelos al espacio en un emprendimiento comercial), Musk anotó en su cuenta de Twitter algunas reflexiones interesantes (y críticas, por cierto) en torno a la Inteligencia Artificial.

“Tenemos que ser muy cuidadosos con la Inteligencia Artificial. Es potencialmente más peligrosa que las armas nucleares”, dijo. Luego publicó el siguiente tuit: “Espero que no seamos sólo los cargadores biológicos para dar inicio a la superinteligencia digital. Desafortunadamente, esto es cada vez más probable”.

Otra opinión autorizada se anota en este terreno. Es la del célebre Stephen Hawking quien, en una entrevista con la cadena HBO, dijo que los robots “podrían diseñar perfeccionamientos para sí mismos y ser más astutos que todos nosotros”. El presentador de la emisión replicó: “Sin embargo, luchar con un robot sería excitante, ¿no es así?”. El científico respondió: “No, porque perderías”. Anteriormente, Hawking había señalado en un artículo en el periódico británico The Independent: “El desarrollo de la Inteligencia Artificial podría ser el mayor logro humano. Por desgracia, también podría ser el último si no aprendemos a evitar los riesgos”.

Un interesante artículo firmado por Alejandro de Pourtales se pregunta si las máquinas endiosarán a su creador o, fatalmente, le pasarán por encima. Sobre el final del mismo se anota la siguiente reflexión que aparece, asimismo, como epílogo de este repaso: “¿Si una civilización extraterrestre más avanzada nos envía un mensaje diciendo ‘estamos en camino a su planeta, llegaremos en unas décadas’, responderíamos solamente ‘Ok, llámenos cuando lleguen?’ Probablemente no, pero más o menos esto es lo que está pasando con la Inteligencia Artificial”. Remata de Pourtales citando a nuestro querido hombre de ciencia: “Hawking había dicho algo similar sobre nuestra obsesión por encontrar vida extraterrestre: ‘Si los aliens nos visitan creo que el resultado podría ser algo parecido a cuando Cristóbal Colón llegó a América, lo cual no resultó en ningún beneficio para los habitantes del nuevo continente’. Aunque surja de nosotros mismos, de la misma materia planetaria, el contacto con una inteligencia artificial podría ser un evento de radical otredad, una caja de pandora o una panacea.

Fuente: DonWeb.com