A favor y en contra de Netflix

Malditas promociones: un día llegué a casa y mi mujer había aceptado el mes gratuito que ofrece Netflix. A partir de entonces, la hija recién llegada quedó en el olvido y la estrella pasó a ser el streaming de video, al que yo odio y mi mujer ama. Aquí, los argumentos en contra (que tengo yo). Y a favor (que tiene mi mujer).

No se puede vivir del amor, pero a juzgar por el éxito del servicio en la región aparentemente sí se puede vivir de Netflix. Para los que no comen sushi y para los que todavía pagan el cable, Netflix es un servicio de streaming de video que funciona sobre internet -no quiero quemar argumentos, pero sí: hay que pagar una conexión de al menos 3MB reales- y cuesta U$7,99 mensuales por cada dos perfiles de usuario, por lo que pueden compartirlo con una pareja de amigos o con gente que les caiga mal pero les reduzca el costo. Tiene un catálogo interesante de series y películas que pueden verse en casi cualquier dispositivo inteligente con conexión a internet, pero que respetan los tiempos de la industria y no los de la web, lo cual supone que siempre hay un cierto retraso en la publicación de las temporadas o en la disponibilidad de las películas. En la práctica, los capítulos y las películas están disponibles en Netflix cuando están disponibles en el cable.

Con esta presentación podría asumirse que el servicio está lo suficientemente bien y es lo suficientemente barato como para que todos lo quieran. Pero hay de todo en la viña del señor, y se puede amar u odiar Netflix. Aquí los argumentos a favor -a cargo de Erika- y en contra -cortesía de este servidor de la vieja escuela- para que en la próxima discusión puedan lucirse. ¡Ya que van a discutir…!

LA IMPORTANCIA DE LA CONEXIÓN

Según la página oficial de Netflix alcanza con una conexión de 0.5MB para poder usar el servicio, y la recomendación es de una de 1.5MB. Estos números parecen salidos de la pluma de algún redactor trasnochado, pero son reales si pensamos usar el servicio en dispositivos ultraportátiles y bancarnos una calidad que nos hará extrañar la televisión pública de los años ´80. En equipos portátiles con pantallas de 14 o 15” 3MB son suficientes para ver contenido en una calidad correcta, pero no para HD. 5MB son los oficialmente indicados en ese caso, aunque si pensamos utilizar un televisor de más de 32” lo mejor será contar con al menos 10. 25MB se recomiendan para el consumo de contenidos 4K, y en la práctica es esa la calidad ideal para consumir HD.

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  • Pagar para ver

A favor:

Aquí mis argumentos bien-de-chicas para que simplifiquen un poco sus vidas y se dispongan al placer de mirar una peli o una serie sin tener que leer publicidades engañosas que te llevan a mantener un chat con el Sr. Testosterona o que nunca cargan, te piden datos y te obligan a hacer una lista de odios tan grande que mejor salir a correr para descargar un poco. Hay un momento para cada cosa, y yo sostengo que llegó el momento de resolver.

Si hace rato que no bajás contenido, si te olvidaste cómo era descargar pelis, si te parece una chinada lo de bajar subtítulos, si sos comprador compulsivo de DVDs en la salida del subte o si, simplemente, tenés poco tiempo, Netflix te puede poner en tema y a la vez eliminar esas trenzas menonitas que te crecieron desde que no tenés cable y te cerraron Cuevana. Tampoco vamos a ensalzar al servicio, pero sí, como ellos mismos proponen, les vamos a dar una oportunidad. Aunque mi marido que se hace el socialista (pero sueña con un be-eme) no pare de rezongar porque le dije sí al mes de prueba, le dije sí, acepto, y me zambullí a la videoteca de Netflix… para dejar de lado la oferta de la TDA gratuita que tanto miramos en casa.

En contra:

Yo le hubiese puesto a este apartado simplemente “Derechos”, pero la vida en pareja es siempre complicada y la convivencia exige una buena cantidad de concesiones. Tomen nota de esto si aún viven solos o son reacios a la protección anticonceptiva.

Mi punto es el siguiente: en términos filosóficos, para mí la circulación de los contenidos en la red debe ser libre. Libre en todo sentido. Por lo tanto, tengo un enfrentamiento ideológico con Netflix como también lo tengo con cualquier otro sistema de pago por contenidos, sean estos audiovisuales o de cualquier otro tipo. No me malentiendan, me parece loable que alguien cobre por ahorrarme estar atento a la descarga de un nuevo capítulo de mi serie favorita y por pegarle luego los subtítulos correctamente sincronizados. Sobre todo por esto último. Pero pienso que los servicios públicos deben ser públicos, y en esa línea lo mismo me molesta tener un purificador de agua cuando el estado nacional me provee de agua potable. Internet, en mi opinión, es un servicio público. Así y todo, como habrán intuido a esta altura del texto, en mi casa se paga por el purificador y sus odiosos filtros, y -cómo no- se paga por Netflix.

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  • Interfaces

En contra:

En este punto empiezo yo, porque la tecnología dura es cosa de hombres y no vaya a ser que alguien crea que de veras somos tan modernos.

En lo que respecta a la interfaz de software, Netflix es eficaz pero no sorprende. La pantalla principal del servicio no tiene más que el catálogo organizado según nuestra preferencia, ya que el servicio se basa en una selección básica de tres series o películas que debemos hacer al primer inicio de sesión para la clasificación general. Y el botón Examinar, que bien podría llamarse “Descubrir”, no es más preciso que ese amigo cinéfilo o directamente enfermo de las series que todos tenemos.

El reproductor en patalla, por su parte, es similar al de cualquier clon de YouTube y pone automáticamente el capítulo siguiente cuando terminamos de ver uno. Lo cual tiene como consecuencia, según se ha estudiado, el sedentarismo en primer lugar y la postración por obesidad en segundo.

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El problema grave, de todos modos, está en la interfaz de hardware. A menos que tengan un televisor inteligente con acceso directo a Netflix vía botón físico en el control remoto -mi suegro consiguió uno de esos, producido en Tierra del Fuego, a muy buen precio justo antes del Mundial y por eso lo odio- estarán obligados a utilizar un equipo con sistema operativo (¡herejes!) como interfaz. En el mejor de los casos tendrán una ultrabook como la de mi mujer a mano, lo cual los obligará a interactuar a diario con un gordo, duro, caro y siempre corto cable HDMI para conectar la televisión. Bienvenidos a la modernidad.

A favor:

Y sí, Alexis Burgos, para subirnos al tren de la tecnología no nos podemos andar con chiquitas. Si para evitar tus ataques de Toti Passman al correr Netflix desde la compu hay que comprar un Smart TV, habrá que hacerlo (mi amor). [Las chicas que lean este párrafo entenderán que para lograrlo basta con incluir el reclamo del otro, encontrar una promo y tener la tarjeta de crédito con algo de margen para financiarlo]. A mí, realmente, no me molesta ver Netflix desde la compu. Es más, hasta me bajé la app para el celu, pero desde que vi en la casa de mis viejos el botón de Netflix en el control remoto, la escena de desplegar el menú desde el sillón se transformó en una de mis grandes fantasías puerperales. Para los que no somos exigentes, el servicio te ofrece un menú simpático y accedés rápidamente al contenido en calidad que varía según la capacidad de tu conexión a internet. Con 3MB, en casa corre perfecto.

  • Catálogo

A favor:

Estamos tan desactualizados que nos va a llevar tiempo explorar lo que hay. Sin embargo, tenemos como para tirar lo que queda del invierno y un poco más. Hay mucho de lo viejo y suficiente de lo nuevo. Lo más actualizado son las series originales de Netflix, como la increíble House of cards que está entera y lista para ser devorada en menos de 15 días. Y cada capítulo termina con un contador de 10 segundos para iniciar el siguiente así que cuesta mucho resistirse si la serie es buena. Ahora falta que se copen y se pongan al día ellos.

Las pelis son viejas pero te salvan de un domingo de lluvia. Podríamos decir que Netflix es para quienes no somos “estrategas del entretenimiento”. Si no tenés cable, como es nuestro caso, el servicio es homologable en contenidos a esa peli que viste de casualidad en un canal cualquiera pero que te salvó de ordenar el placard toda la tarde.

En contra:

Netflix te obliga a respetar el calendario local de series y películas. Fin.

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  • Calidad

A favor:

Te la resumo en menos de un tuit: se banca dignamente una tele de 42 pulgadas. [Enviar].

En contra:

Si leyeron la plaqueta disponible al comienzo de esta nota habrán notado que solo con conexiones realmente rápidas -y, por ende, bastante costosas- el servicio anda en una calidad medianamente comparable a la que consumimos cuando usamos servicios P2P para ver series. Vale decir: la mujer que firma el párrafo que acaban de leer consumió a mi lado la última temporada de Game of Thrones con el calendario norteamericano y en Full HD sin problemas, algo que no habría podido hacer en Netflix. Si alguna vez vieron Game of Thrones entenderán que no es posible esperar al calendario local para seguir viendo capítulos, pero que tampoco tiene sentido alguno consumir una serie con una gráfica que cuesta U$6 millones por capítulo en SD. En síntesis, la calidad de Netflix me va a obligar -¿o quién piensan que baja las series y consigue los subtítulos en casa?- a volver al P2P a partir de septiembre cuando haya más capítulos. “Apesta”, diría Bart Simpson.

Podrán ustedes creer que soy un exagerado. Quizás sea verdad, ya que para ver Grey’s Anatomy mientras cenamos con una hija ciertamente demandante en la misma mesa la calidad está bien. Salvo por un detalle: por defecto el servicio, al minuto 40 de cada capítulo, considera con su mal tino que puede reproducir en HD en nuestra conexión hogareña de 3MB. Razón por la cual, por lo menos hasta que no me tome el trabajo de encontrar dónde se encuentra la configuración de calidad por defecto (y les juro que no está a mano), voy a maldecir una vez por capítulo. Una al menos.

Fuente: DonWeb.com